Segunda Parte. Los Servicios que proporciona la Naturaleza al hombre.

La naturaleza proporciona de manera gratuita muchos servicios a la economía humana, a la humanidad, tantos que no es propio de este espacio listarlos. Pero para que la idea no quede “en el aire” voy a señalar algunos. Los ecosistemas, entre ellos los bosques, como purificadores de aire, reciben la contaminación de las ciudades, gracias a los movimientos del viento provocados por la interacción del Sol y la Tierra, y al filtrar el aire, aprovechan el CO2 y lo convierten en biomasa, limpiando del aire parte importante de la contaminación como un subproducto; el aire renovado, limpio y rico en oxígeno, circula por la atmósfera. Ese CO2 es atrapado por los ecosistemas en tan grandes cantidades y con tal eficiencia que no nos habíamos dado cuenta. El mar, las praderas, las selvas, los campos de cultivo y los bosques, a pesar de un aumento de muchas veces en la emisión de CO2 a la atmósfera por las fábricas, las termoeléctricas, los automóviles, las chimeneas y las estufas durante todo el siglo pasado, han logrado mantener la concentración atmosférica de este gas casi constante.
A principio del siglo XX la concentración de CO2 atmosférica era de alrededor de 0.2% y hoy, a principios del siglo XXI, la concentración promedio apenas excede el 0.3%. Sin embargo, el aumento en la emisión de CO2 por las actividades humanas durante el mismo lapso no fue de 0.1%, ni siquiera de uno o dos por ciento, se estima que fue de más de 24 veces (Expresado de manera porcentual sería 2,400 %).
Aunque algunos científicos dicen tal aumento en la concentración de CO2 puede provocar un efecto invernadero de proporciones catastróficas, nadie le da mucha importancia a esa función de los seres vivos, de los ecosistemas, que ha mantenido la concentración del gas por debajo del 1%, y lo siguen dando por descontado.

Otro ejemplo interesante es el de la participación de los seres vivos de los bosques, las selvas y los mares en el reciclaje de elementos químicos. Damos por hecho que el carbono, el oxígeno y el nitrógeno siempre serán componentes principales de la atmósfera. Pero pocos se dan cuenta de que estos elementos son componentes esenciales de las proteínas y de casi todas las sustancias orgánicas que componen las células. No hay una célula que no tenga estos elementos. La materia orgánica se descompone tras la muerte y gracias a una multitud de especies que se encargan del fenómeno de reciclado de los cadáveres y a unas pocas especies que se encargan de la fijación de los gases atmosféricos es que el equilibrio en la composición de la atmósfera se mantiene. Pero lo mismo ocurre, aunque mucho más lentamente, con los otros elementos químicos, que pasan por los ciclos sedimentarios y no a través de la atmósfera. Todos esos ciclos de los elementos químicos son llamados ciclos bio-geo-químicos, y entre todos mantienen una homeostasis planetaria entre la vida y la materia inerte precisamente gracias a la intervención activa de miles de especies. Esta es una de las bases de la “Hipótesis de Gaia” de Lovelock.

En este mismo orden de ideas, cuántos cadáveres de cuántos animales y plantas han sido convertidos durante millones de años en “materias primas” para el crecimiento de las plantas. La mayoría de los “desperdicios” orgánicos, hasta hace muy poco tiempo, en escala planetaria, eran reciclados de manera automática por millones de animales, hongos y bacterias y finalmente formaban parte de nuevas plantas.

Hoy estamos tirando en los basureros municipales los desperdicios orgánicos mezclados con otros tipos de desperdicios sólidos de manera que ese fenómeno portentoso de limpieza planetaria está en peligro y nos estamos hundiendo en basura maloliente. Este problema se percibe más claramente en lugares como Cuernavaca y Temixco, en el estado de Morelos, México, o en Nápoles, Italia, debido a la falta de previsión de las autoridades locales que han ignorado el problema de la basura por décadas. Pero no es un problema sólo en estos pocos lugares, es un problema global; y son los países más industrializados y de economías en crecimiento donde los problemas de recuperación y reciclado de residuos sólidos son más acuciantes.

Otro de los servicios que provee gratuitamente la naturaleza a los seres humanos está restringido a la agricultura, pero es igualmente importante, si no es que más. Se trata de la polinización. ¿Cuántas especies de plantas cultivadas son polinizadas por las abejas, las avispas, las moscas, los murciélagos, los colibríes y otros animales? Son muchas, casi todas las especies de importancia comercial lo son, y el número de flores involucrado en simplemente gigantesco. Aunque sí es posible hacer la polinización a mano en la mayoría de los casos, en todos ellos significaría aumentar los costos agrícolas de manera muy importante, tanto que algunas frutas serían prohibitivas para la mayoría de la población que hoy las consume porque las consigue baratas.

El 14 de noviembre de 2008 fue publicada una nota en el prestigioso diario

The New York Times, de Nueva York

(link:

http://www.nytimes.com/2008/11/14/science/earth/14brfs-GROUPSETTOSU_BRF.html?_r=1&emc=tnt&tntemail1=y   ),

que informaba de la intención del grupo “Center for Biological Diversity” (el Centro pro Diversidad Biológica) de poner una demanda contra la EPA (Environmental Protection Agency, la agencia de protección ambiental de los EEUU) por no hacer efectiva la Ley de Aguas Limpias (Clean Water Act) y permitir la acidificación de los océanos.

La amenaza no es vacía y descansa en ideas, datos y conceptos sólidos.

El mismo grupo expuso el problema de la acidificación oceánica (ver link:
http://www.biologicaldiversity.org/news/press_releases/ocean-acidification-08-15-2007.html )

Aunque la nota de The New York Times es poco específica y no ha tenido seguimento hasta la fecha (14-dic-2008), es interesante porque pone un alerta respecto de la seriedad de la contaminación atmosférica y sus consecuencias oceánicas.

Un año antes de la aparición de la nota en The New York Times, en noviembre de 2007, anotamos que la contaminación atmosférica por CO2 será una causa de acidificación oceánica.

Un lector de nuestro web log de CONPROVA me preguntó cómo era esto, y si podía yo escribir algo para aclarar el punto. La cuestión de la acidificación del agua de los océanos se desprende de las leyes de conservación de Lavoisier y de las leyes de la física y la química de gases y líquidos. El CO2 que hemos estado arrojando a la atmósfera en cantidades inmensas y crecientes desde hace más de ciento cincuenta años no desaparece. ¿Cómo es entonces que la concentración atmosférica ha pasado de poco más de 2% a sólo 3% en todo este tiempo? Una parte se ha convertido en biomasa, ciertamente, pero hemos colectado y destruido, quemado, cosechado o convertido más biomasa de la que hemos protegido. Las evidencias abundan. Las superficies boscosas de hace 150 años se han reducido en todo el mundo. En algunos países europeos, por ejemplo, no queda casi nada de esos bosques de hace 150 años. En México y Brasil se deforestan cada año miles y miles de hectáreas. Algunas son sustituidas por plantaciones, otras por pastizales, en el peor de los casos son sustituidas por superficies asfaltadas en ciudades y pueblos, pero el efecto neto es la liberación de enormes cantidades de CO2 a la atmósfera y una pérdida enorme de biodiversidad. Aunado a esto, se han quemado millones de barriles de petróleo durante el mismo lapso, convirtiéndose en vapor de agua, hollín y CO2. Entonces todo el exceso de CO2 liberado va a alguna parte. ¿A dónde va, si no es a la atmósfera? A los océanos.

Para nuestra fortuna, el CO2 es bastante soluble en agua, de manera que los océanos han servido de sumidero del gas durante décadas; de hecho, si lo pensamos bien, durante siglos y siglos. Normalmente y durante muchos años, la entrada de CO2 al agua de mar era un fenómeno que pasaba desapercibido porque los ciclos bio-geo-químicos se encargaban de aprovechar el gas y convertirlo en sustancias útiles o era capturado en carbonatos que precipitaban al fondo del mar.
Debido a que los océanos no pueden recibir indefinidamente cantidades enormes y crecientes de CO2 sin cambio alguno, lo que está pasando es una leve pero continua acidificación por la presencia de CO2 que ya no es capturado y convertido en otras sustancias a la velocidad necesaria.

Este aumento en la concentración de CO2 en el agua de mar podrá provocar graves consecuencias, entre ellas la extinción de especies sensibles a los cambios de pH.

El uso de tecnologías alternativas para la producción de energía, como páneles fotovoltáicos y turbinas de viento y el consumo racional de recursos son las formas más importantes e inmediatas de disminución de nuestro impacto ambiental y de la emisión de CO2 a la atmósfera.

En CONPROVA seguimos trabajando para hacer de nuesto entorno un lugar permanentemente habitable.

Felicitamos a las autoridades locales por su apoyo al 1er Foro Iberoamericano de Ciudades Verdes recientemente celebrado en Cuernavaca. Ojalá y este foro no sea el último.

A todos nuestros visitantes les deseamos unas felices fiestas y un año 2009 pleno de progresos en la conversión a tecnologías y hábitos verdes.

          Está de moda hablar de “Calentamiento Global”.

Incluso el famoso candidato a la presidencia de los EEUU, Al Gore, ha recibido el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para alertar al mundo, en especial a los políticos, de la existencia del fenómeno y los problemas que implica.

El fenómeno ambiental existe; las consecuencias a nivel mundial son insospechadas. En CONPROVA pensamos que la afectación más grave será a nivel oceánico, pues la capacidad de absorción de CO2 de los océanos, que ha servido de buffer (tampón, amortiguador) durante siglos, está cambiando y terminará por saturarse, lo que cambiará sus cualidades amortiguadoras. Esto provocará una acidificación del agua del mar y cambios irreversibles en sus propiedades fisico-químicas, en los ciclos bio-geo-químicos a nivel planetario y extinción de especies marinas que requieren un pH cercano al neutral.

¿Qué podemos hacer?

Disminuir nuestro consumo de combustibles fósiles es una de las formas más seguras de ayudar a paliar el incremento de CO2 atmosférico. Plantar árboles y cuidarlos, cuidar los bosques, es otra. Disminuir nuestro consumo de papel, indirectamente protege nuestros bosques.

Cada quien puede contribuir a la mejoría o deterioro del medio ambiente.

Póngase en contacto con nosotros y juntos haremos de su industria o compañía una empresa verde líder en protección ambiental sin dañar su rentabilidad.